En la Sierra Madre Oriental
Cuando se es niño, se vive al día, se disfrutan las cosas como vienen, no se tiene preocupación alguna, sólo divertirse en todo momento. Nos invade una sensación de tenerlo todo para toda la vida, incluso, las cosas y personas que nos rodean, pensamos que estarán siempre cerca de nosotros.
Lo menciono, porque en mi infancia, adolescencia, incluso en mi joven adultez, disfruté de un pequeño rincón de México, enclavado en la Huasteca Hidlaguense. Pequeño, de hecho pequeñísimo pueblo, pero que ofrece al visitante, un basto paisaje boscoso y casas grandes de dos aguas y calles empedradas.
Tianguistengo se llama y fue fundado alrededor de 1540, la región fue evangelizada por agustinos y se ubica en la Sierra Madre Oriental, en la Sierra Alta Hidalguense.
En Tianguistengo, como en todos lados, existen las familias adineradas quienes, debido a la abundancia de agua, contaban en sus casas, con pozos propios. Estas personas no acudían a los pozos comunales, donde si llegaba el resto de la población, cargando ollas y cubetas, por largas veredas. Uno de los pozos más concurridos, hasta la fecha, es el ubicado en el barrio de "Tepexapa", un manantial de agua limpia y cristalina que emana de las entrañas del cerro.
Son muchos los personajes que han dado renombre a Tianguistengo, pueblo que por cierto, se caracterizó por ser cuna de grandes profesionistas como Gabriel Alarcón, Bernardino Gómez y muchos más. El primero, fundador del periódico que piensa joven, decía su slogan: El Heraldo de México. Tristemente, de estos personajes a los que me refiero, el tiempo y la vida se los ha ido llevando de poco a poco.
Otros personajes no tan famosos, pero sí queridos, respetados y recordados en la región, como Don Juan Pérez, maestro rural, jubilado, que se le podía escuchar desde la calle, hablando dialecto con gente que bajaba de la sierra; o Don Tonchi Escudero, echándose un dominó con los vecinos en el atrio de su casa, bajo el naranjo que los acogía en su sombra; o Maruca Escudero, mujer mayor, de caminar erguido con un porte de señora fina, vestida siempre de negro, con sus faldas rozando el piso. Ella visitaba a mi mamá Chefita, porque era el paso para ir al potrero, a ver a sus animales. Con tal de no pagar quien lo hiciera, ella iba personalmente. Coda, como ella sola. Doña Reyna, era la persona que mataba puerco y proveía de carne al pueblo y; Doña Peche, la encargada de vender vinos, rompope, los deliciosos chiles en vinagre y chocolate. La familia Campos vendía el mejor pan del pueblo, que decir de las Bravo, que hacían las ceras que iluminaban los altares del pueblo y la iglesia, las mismas que se usaban en la fiesta del pueblo cada 26 de julio, para venerar a la patrona "Santa Ana".
Dar los buenos días o buenas tardes al recorrer las calles de Tianguis, es una muy grata costumbre, saludar a la gente por su nombre. Los apellidos de tradición en Tianguistengo, son: Alarcón, Bravo, Escudero, Chavela, Mercado, Chargoy, Mejía, Melo, Carpio, Cerecedo, Campos, Muedado, Olivares, Milo, Ruano, Ruiz, Gómez. Hasta hace algunos años, en Tiaguistengo a la gente se le conocía con sólo hacer mención a sus apellidos.
Tianguistengo, pese a ser tan pequeño, da abrigo a mucha gente de los alrededores, ya que cuenta con la Escuela Normal, de esta manera, "Tianguis", como lo conocemos quienes lo queremos, es un semillero de maestros normalistas. Recuerdo que también Don Fortunato Ruiz, fue precursor y maestro de muchos telegrafistas, no tan sólo del estado sino del país.
Los jueves es día de plaza. Se pueden ver muchos productos que la gente de la sierra baja a vender: flores silvestres, guajolotes, mancuernas de piloncillo. Todavía se pide el frijol, el café o el tomate pequeñito, en cuarterón o cuartillo. Hay cecina, hojas para tamal, yuca, camote, tequile (yerba utilizada para hacer mole de olla o tamales de frijol), quesos de grano y muchos más productos de la región.
Pese a que la fisonomía de Tianguis a cambiado con los años, nos sigue ofreciendo bellos amaneceres y atardeceres deliciosos; un clima que va de un calor, a veces sofocante, a fríos extremos y; muchos días lluviosos (por estar en la sierra).
Dos días son suficientes para recorrer el pueblo y conocer sus alrededores: la cascada de Huayatlapa, el río de Chinameca o Tepeoco, donde se elaboran sillas y bancos de madera, tejidos de bejuco.
En temporada invernal, se ven unos paisajes bellísimos, la neblina cubre hasta el piso, dejando ver únicamente la cordillera de montañas que se extiende al infinito. Se ve una montaña tras de otra y a ratos la vista engaña, haciendo parecer las puntas de las montañas como islas en medio del mar. "Las Cruces", el mirador del pueblo, es un buen punto para apreciar el paisaje.
La gastronomía no es precisamente el fuerte de Tianguis, sin embargo, tiene en su haber las ricas empanadas de arbejón (una especie de chícharo seco, cocido y molido con el que se rellenan estas gorditas); las tradicionales enchiladas, hechas a mano, rellenas de huevo y espolvoreadas con queso de la región; difícil dejar pasar la experiencia de probar el exquisito pan de Tianguistengo. Lo hay de todas formas, colores y sabores, sólo por darle una idea, le diremos que encontrará cemitas, austriacas, marquesotes, panqués, empanadas, frutas de horno, apasteladas, cielos, pan blanco, piedras y pan de manteca. Dese la oportunidad de probar este manjar, seguro que hasta pide para llevar.
En fin, por muchas razones, Tianguistengo es un pueblo entrañable para muchos y desconocido para otros, muchos más, pero, para quienes hemos estado ahí, reconocemos la paz y tranquilidad que se respira en el ambiente.
¿Cómo llegar?
De Pachuca, tome el corredor de la montaña, diríjase hacia Atotonilco, pase por Meztitlán, llegue a Zacualtipan y adelante encontrará la desviación (a la derecha) a Tianguistengo. Son más o menos 12 kilómetros que se hacen en media hora, por lo sinuoso del camino.
Visítelo y deléitese con mejor pan que haya probado!!